Ojos del salado 2017

LA PREPARACIÓN

Nuestra aventura a Ojos del salado, estaba conversada y pseudo planeada meses previos, sin embargo nada concreto estaba dicho acerca de fechas, organización, transporte, permisos, etc.
A principio de Enero de este año, decidimos comenzar a aclimatar, así que Leo y Carlos fueron al Leonera para mi cumpleaños, yo evidentemente no pude ir. El fin de semana siguiente decidimos ir juntos a subir el Cerro el Plomo, 5424 msnm muy cerca de Santiago, y quisimos intentar una ruta un poco más desafiante, así que fuimos por la ruta del glaciar Iver; un kilómetro de puro glaciar, con muchos penitentes, que nos acompañaron hasta el acarreo directo a la cumbre. Llegamos allí a las 8:15 am hicimos unas flexiones locas y comenzamos a bajar por la ruta normal a modo skiando en piedras.
Nuestro siguiente desafío era Volcán San José, pero el clima estaba realmente malo el fin de semana planeado y peor aún, el clima en ojos era muy inestable. Por redes sociales habíamos leído muchos casos de ascensos no exitosos, de cierres de camino y de aluviones, caso tragicómico porque en paralelo el sur se incendiaba. En un acto quizás no tan sabio, pero motivados por el deseo de subir el volcán más alto del mundo, cambiamos nuestras fechas, cambiamos nuestros planes, pedimos permisos apresurados y ese mismo viernes 27 de Enero en el que nos encontraríamos en dirección al cajón del Maipo, en realidad estábamos tomando un bus nocturno a Copiapó.

LA LLEGADA Y APROXIMACIÓN

Por razones más particulares yo me perdí los últimos días de organización y Carlos había encontrado a un transportista de la zona, Daniel Alfaro. Él nos llevaría de la ciudad hasta los campamentos, en un plan de aclimatación de 3-4 días, ya que él tampoco podría subir todo de golpe. Pusimos nuestras mochilas en la camioneta, subimos 60 L de agua y un tanque de oxígeno, y nos alistamos para partir ese mismo sábado 28.

Armando la camioneta

No había tiempo que perder, el clima cambiaba cada vez que mirábamos el pronóstico y las ventanas que veíamos desaparecían mientras otras se abrían. Partimos junto a Daniel, y su ayudante Arelí. Daniel un hombre moreno y robusto, canoso y con un sentido del humor espectacular que nos animó bastante la ida con sus historias, corregía a Arelí cuando ella tomaba el volante y nos divertimos cantando en el auto unas 3 horas antes de llegar a la aduana. Esta se encontraba a 3800msnm, en donde decidimos armar campamento.

El asado

Mientras Daniel conseguía una parrilla con los hombres de la aduana, nosotros subimos a una mini colina al lado el campamento, puro acarreo. Luego comenzamos a preparar el asado, nos reímos, tomamos cervezas y finalmente fuimos a dormir. Carlos y Leo compartían la carpa ferrino y yo estaba cómoda en una carpa de gangas con todo mi equipo. Al otro día, el espectáculo del desierto nos motivó a dar un paseo alrededor de la colina del día anterior, todo era realmente muy lindo.

Laguna Verde

Seguimos con el itinerario y partimos en camino a la laguna verde a 4200 mnsm. Cuando llegamos encontramos a un grupo de 5 rusos que ocupaban el refugio, cocinaban y reían, llevaban semanas ahí aclimatando para asegurar la cumbre. No teníamos mucho más que hacer así que decidimos darnos unos baños en las termas, unos pozones al aire libre. Luego fuimos uno que estaba dentro del refugio hasta que ya tuvimos suficiente hambre para dejar la comodidad. En el refugio conocimos a Alfons, un catalán que había venido solo físicamente pero junto a su gran motivación a subir el ojos del salado. Conversamos con él mientras cocinábamos y nos arreglábamos, nosotros habíamos decidido seguir al refugio Murray, a ver si encontrábamos algún espacio allí. Cuando llegamos, nos esperaba un cómico personaje, que animó bastante la continuación de nuestro viaje.

Refugio Murray

  Ahí conocimos a Alexis Díaz, un argentino, montañero con experiencia que venía de una travesía por un mes, dentro de la cual había subido el Volcán Maipo, y algunos otros de la zona del desierto. Mientras Carlos y Leo fueron a subir alguna colina por ahí, yo me quedé conociendo a Alexis. Era un hombre grande, con una barba no afeitada hace más de medio año. Era una de las personas más agradables que había conocido en mucho tiempo. Ahí estuvimos compartiendo historias y contando nuestras vidas. A la llegada de los chicos jugamos cartas, comimos unas galletas que encontramos por ahí y luego fuimos a dormir, esta vez en un cómodo colchón. Los ánimos no eran los mejores, la falta de sueño y la altura empezaba a jugar su papel.
En el camino vimos a dos gringos que iban a seguir a atacama, Jenny con su marido y dos guías bolivianos, ya habían subido el volcán Copiapó y se veían muy preparados, los veríamos luego.
Alexis tenía una camioneta simple, entonces para la subida se nos sumó en reemplazo de Arelí, quien no pudo ir con nosotros ya que se sentía muy mal, había estado vomitando durante la noche y era mejor que no subiera un solo metro. El camino a campamento Atacama no fue nada trivial, hubo una tormenta el día anterior por lo que el camino estaba bastante nevado y la doble tracción se hacía indispensable. Llegamos al campamento a 5200 mnsm, y vimos a las demás cordadas, grupos y otros montañeros dando vuelta. Daniel bajó a la ciudad y quedamos en el acuerdo de que a partir de ese día lunes tendríamos hasta el jueves para avisarle la bajada, si no , él vendría simplemente por nosotros ya el viernes. Nuestro error en esta parte fue que junto con él bajó el tanque de oxígeno.
Para armar las carpas, porque éramos cuatro personas nos dividimos así: Carlos y Leo en la ferrino y yo con Alexis en su carpa, bastante espaciosa, un hotel de lujo a esa altura. Aunque no se comparaba con el refugio que tenía cama, pero estaba siendo ocupado por unos españoles y sus clientes. En esta escena apareció Ale, un canario viajero muy extrovertido e interesante que trabajaba con Brian, un guía de montaña en el norte. Tenía mucha personalidad y compartimos con él, Alfons, a quien volvimos a encontrar en el campamento, y los demás una rica cena y conversación.

La cena en Atacama
Ale,Alfons,Carlos,Leo,Paulette y Alexis

Hacía muchísimo frío, fuimos a caminar por la tarde pero muy pronto ya nos estábamos acostando. Vimos llegar a un grupo nuevo, un hombre de Alaska, una mujer estadounidense y un canadiense, que increíblemente andaba con shorts y polera, mientras nosotros usábamos casi la ropa de ataque haha Al otro día habíamos decidido ir a Campamento Tejos a 5800msnm, ese día hacía muy buen clima y sabíamos de unos españoles intentando la cumbre, los podíamos ver. De los dos que subieron (ambos con monos de pluma y botas dobles más dos guías), solo uno llegó a cumbre, el otro tuvo que bajar. La gente por ahí era bien competitiva, no era mucho el espíritu de solidaridad, quizá porque como veníamos solos, les quitábamos mercado, no lo sé, pero algunos se escapaban de la regla. Brian amablemente nos llevó en su camioneta 20 L de agua, que solo hubiera sido un martirio llevar. Su novia Polaca, ayudó a Carlos que empezaba con dolores estomacales y falta de apetito por la altura. Leo aún no podía dormir y yo me quedaba callada porque a decir verdad mi cuerpo reaccionó de maravilla, pero bueno la convivencia no era la mejor entre nosotros tres, quizá la altura me hizo más emocional, mientras que a Leo más irritable. Además durante cada jornada nos medíamos la saturación de oxígeno, la mía andaba siempre sobre 80-85, mientras que la de Alfons, bordeaba los 70.
Una vez que llegamos al campamento Tejos, Leo y yo llegamos primero, armamos las carpas y entramos al refugio, este era de verdad una salvación porque hacía muchísimo frio afuera. Estuvimos conversando con Marta y Megan, la chica que estaba con el canadiense y el tipo de Alaska. Ella ya había estado ahí, rebotado una vez, así que quería hacer cumbre como sea, se veía muy fuerte y supe que era del ejército, le tenía muchísima fé.
Esa tarde nos instalamos en el mini comedor, cocinamos, hablamos de nuestros equipos y yo era la única loca intentando subir el cerro con botas de cuero simple, todos los demás tenían botas dobles. Pero bueno, me dieron ánimos. Carlos aún no podía comer, sin embargo Leo se veía mejor. Esa noche nos acomodamos diferente, dormimos los tres en la carpa de Alexis, mientras que en la carpa del lado estaba Alexis y Alfons. Yo estaba al medio así que dormí muy bien y sin frío, lamentablemente mis compañeros no disfrutaron de tan buena noche.

El objetivo : Ojos del Salado desde Atacama 5200msnm

EL DÍA DE ATAQUE
01FEB2017

Nos despertamos a las 00:30, comenzamos a prepararnos. Sabíamos que iba a tomar mucho tiempo, así que fuimos al refugio en donde ya estaban todos preparándose para partir. Calentamos el agua y se la pusimos a las botellas, preparamos un desayuno, y comí un trozo de chocolate que tenía guardado. Leo se veía bien, pero Carlos tenía muy mala pinta, en ese minuto nadie dijo nada, pero sabíamos y ya habíamos acordado de que si uno no subía, bajaríamos los tres.
Salimos del refugio casi una hora después de Brian y sus clientes, los polacos, a las 2:45 aprox.
Como siempre Leo lideraba, Carlos le seguía y yo caminaba lento atrás, no tenía ninguna gana de comenzar con dolor de cabeza, ya llegando tan lejos sin molestias. Caminamos por tierra hasta que empezamos a ver la nieve y el hielo y fue aquí cuando ocurrió el pequeño gran incidente. Uno de mis bastones resbaló en el cruce de un río que estaba congelado, y todo mi peso y el de mi mochila fue amortiguado por mi rodilla derecha, el impacto fue tal que me dejó tirada en el suelo por algún rato, con un dolor horrible. A mi grito de dolor los chicos esperaban respuesta, dije que estaba bien y que podía continuar, no iba a dejar ahí todo tirado por un dolorcito de rodilla. Seguí caminando, la ansiedad y las ganas de seguir subiendo mitigaron cualquier dolor de pierna, a mi vuelta a Santiago supe que en ese momento me rompí el menisco, pero en ese minuto eso pasó a último plano.
El camino comenzó a ganar pendiente a pesar de nuestro zigzag y yo tomé el piolet. Carlos y Leo se veían mucho más confiados con la nieve así que ellos se mantuvieron con los bastones. En un momento la nieve se estaba endureciendo un poco y decidimos que era el momento de poner los crampones, hacía muchísimo frio, bastante viento y la torpeza no era algo que se agradeciera, pero inevitablemente los movimientos eran lentos y ñurdos debido a la ropa. Una vez caminando, creo que a los 6000, comencé a tener mucho frío en los dedos de los pies, al punto en el que cada paso me exigía revisar que todavía se conectaban con el resto de mi cuerpo. Esto no fue nada cómodo pero me mantuve así, realizando el chequeo automático durante el resto de la subida. Iba de las últimas, pero pronto comenzamos a ver las linternas de los primeros en salir, los estábamos alcanzando.
Yo no quería apurarme, sabía que en el minuto que tuviera el dolor de cabeza característico de la puna, todo sería más complicado, así que trataba de caminar a mi ritmo, el problema fue de que Leo y Carlos avanzaban muy rápido, ellos parecían no preocuparse del dolor de cabeza, al que parecían acostumbrados y cada ciertos metros me esperaban, como no quería que se congelaran por mi culpa, me esforzaba por apurarme esos tramos. No puedo negar que el cansancio llegaba a doler más allá de lo físico, el viento se ponía cada vez más duro , más frío y comenzaba a levantar el polvo que quedaba como primera capa sobre la nieve más dura. Veíamos bien abajo la linterna de Alexis, que junto a Alfons fueron los últimos en comenzar a subir. En nuestro ascenso vimos a algunos bajar después de 100m desde el refugio, otros que necesitaron un poco más de dolor para decidir lo mismo, nos topamos con otros que a pesar del evidente sufrimiento, la lentitud y la poca resistencia se negaban a bajar, el caso de Jenny me impactó. Ella con su novio y los dos guías bolivianos subían  antes que nosotros, el novio y los guías debían esperar cada pocos metros, cada vez que ella caía derrotada en la nieve. Pasamos a su lado , viéndola caer y nos preguntábamos cuanto sería el nivel de agotamiento que ella esperaba experimentar para decidir volver al refugio. Nosotros seguimos, no había sitio para descansar, tomar agua o comer, era una caminata expuesta todo el rato y en la única roca grande que encontramos, nos reunimos con el grupo de Brian y Marta. Ahí por fin tomamos un té, algo incómodos por la falta de un espacio para descansar el cuerpo. El viento pegaba muy fuerte a nuestros rostros y yo decidí que era momento de usar antiparras. Los demás siguieron el ascenso y no muy tarde empezamos a caminar nosotros también. Yo estaba agotadísima, y en la subida mientras no se veía, algunas lágrimas salieron de mis ojos al ver como mi cuerpo no respondía a mis ganas de seguir. Más a los lejos veía a Leo parar y tomar su cabeza entre las manos y Carlos sentado en el suelo. Cuando los alcancé Carlos me dio la noticia que de alguna manera mi cuerpo quería oír. Él había vomitado ya dos veces, había que bajar. Supe más tarde que el hecho de notificarnos su estado no fue algo que quisiera hacer realmente, se preguntó si le habríamos visto vomitar la primera vez, siguió , pero una vez que ocurrió de nuevo, nos contó. La decisión no fue fácil, estábamos alrededor de los 6500msnm, a 300 metros! No había oportunidades de volver la siguiente mañana, era un todo o nada!
Si bien, la decisión se hizo única al saber que Carlos había vomitado, esta también se reforzaba con el frío que yo sentía. Mis labios estaban morados y cada vez que parábamos tenía que volver a calentar mis manos bajo mis brazos, entre las chaquetas de pluma. En algún minuto también me pregunté si valía la pena seguir, sabía que podría haberlo hecho por un par de horas más sin tener que perder algún miembro, el problema era de que para la subida de 300m se necesitaba más que un par de horas y aún más para concretar esa bajada. Cuando decidimos bajar mi pierna accidentaba comenzó a recordarme su existencia. Tomamos unas fotos y empezamos a bajar, el espectáculo de cumbres alrededor era realmente hermoso, ya comenzaba a amanecer y todo se tornaba anaranjado.
Bajando encontramos a Alexis quien decidió darle un poquito más, luego lo encontramos en el refugio y afirmó que esto estaba más rudo que su ascenso al Aconcagua, que incluso tuvo que tirarse al piso por el viento. Habíamos decidido bien.  En nuestro descenso la molestia de mi pierna se hizo cada vez más aguda, más punzante y más dolorosa. Leo y Carlos la habían olvidado por completo,y claro … yo también lo había hecho, así que bajaron rápidamente. Me esperaban a 100m del refugio, y yo bajé casi cojeando, llorando desconsoladamente sola camino a bajo, cargué mi pierna el resto del camino, ahora pienso que era un sentimiento mezclado , el dolor físico era terrible pero había un factor emocional debido al rebote y bueno la altura puede ser.  Cuando los encontré se dieron cuenta de mi problema, Leo inmediatamente tomó mi mochila y caminé con ellos de vuelta al refugio. Eran alrededor de las 9am y nos fuimos a dormir para recuperar las energías y tratar de controlar la pena. Nos reunimos con los frustrados que decidían bajar y conversamos acerca de nuestras experiencias. Megan por segunda vez no pudo subir, a pesar de ser tan fuerte, no pudo alcanzar el ritmo de su equipo y se cansó más de la cuenta, quedé muy interesada en su historia de todas maneras. Alistamos nuestras cosas, y comenzamos a bajar, en el auto de Alfons llegamos de vuelta a Murray y esperamos tranquilos en el refugio. Con el inReach le comunicamos a Daniel que viniera a buscarnos el jueves 2.
La bajada no fue más entretenida que la subida, pero si más rápida, esa misma noche tomamos el bus de vuelta a Santiago.

No puedo negar la pena del rebote, tampoco puedo negar que quizá con más conocimientos hay ciertas cosas que hubiera hecho mejor , pero de eso se trata, fui como siempre a aprender más. Había decidido ir con gente en la que confiaba un montón y a intentarlo.  Ha sido una experiencia que espero pueda inspirar a otros a ir más allá,  a fin de cuentas lo peor es no hacerlo.

Paulette Saavedra.

A unos metros de donde decidimos bajar. alrededor de 6500msnm. Leo, Paulette y Carlos

 

 

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